Sacerdote quería llegar a muchos jóvenes y fue a confesar en un festival de rock

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Foto: Religión en Libertad

Lunes 05 de Junio, 08:30 hs (SIC/ReL).- El sacerdote David Jenuwine, vicario parroquial de San Apolinar en Napa (California), llevaba tiempo preguntándose cómo podía llegar a mucha gente joven a la vez para anunciarles la Buena Nueva.

Y la respuesta le vino cuando escuchando la radio se enteró de que se iba a celebrar un macrofestival de música rock, Battlerock, en su ciudad y que durante tres días congregó a más de 30.000 personas. Fue así como organizó al equipo de evangelización de la parroquia para aprovechar esta cita y dar asistencia espiritual a quien quisiera acercarse a ellos.

El sacerdote se presentó al festival con un una estola morada y con un cartel que decía: “Sacerdote católico. Bendiciones, oraciones, confesiones. Respuestas”.

Tras proponerlo en la parroquia, el encargado de juventud le recordó que este festival de Battlerock era un “caos”. Esa fue la señal definitiva para lanzarse a esta aventura evangelizadora: “¡Vamos a hacerlo!”, fueron sus palabras.

Según relató a Catholic News Agency, el padre Jenuwine se colocó en un lateral del festival y su equipo de evangelización en el otro. Antes rezaron delante del Santísimo pidiendo las gracias para poder llegar a los jóvenes que allí se congregaban.

Tanto el sacerdote como los que le acompañaron de la parroquia llevaban rosarios, estampas y medallas milagrosas. Y pronto se les agotaron todas sus existencias.

“Esa primera noche nos repartimos todos los rosarios, las estampas, cada medalla milagrosa que teníamos pero pudimos encontrar más así que salimos de nuevo el domingo”, aseguró este sacerdote.

El festival Battlerock congregó a más de 30.000 personas

El padre David estuvo buena parte del sábado y algunas horas del domingo y para él la experiencia fue fantástica pues pudo tratar con gente que les escuchaba, personas sorprendidas de ver a un sacerdote pero también experimentar la indiferencia e incluso el desprecio de algunos participantes. Pero sabía a lo que se enfrentaba.

“En cuanto tenía contacto visual con la gente les decía, ‘hola, ¿cómo estás?’”, recordó este sacerdote. Algunos le preguntaban si era realmente un sacerdote, otros participantes en el festival se acercaron a él para darle la bienvenida con frases como: “Hola padre, qué bueno verle por aquí”. Sin embargo, los habñia también que no estaban tan contentos de ver a un sacerdote.

Muchos les ignoraban haciendo que miraban sus teléfonos móviles pero aún así el sacerdote se mostraba contento porque “incluso si nos estaban ignorando a propósito sabían que estábamos ahí fuera”.

Aún así, algunos jóvenes acudieron a él para que les diera una bendición e incluso dos personas le pidieron confesar.

Esta era la primera vez que la parroquia se lanzaba a la evangelización a este nivel y todos los que participaron volvieron felices a sus casas y pensando en volver a hacerlo. Este festival les sirvió como experimento.

“Creo que con demasiada frecuencia nos involucramos en la planificación, la planificación y la planificación. ¡Pero cuando el Espíritu se mueve, hay que ir con Él! No hay excusas”, dijo un feliz David Jenuwine.