Relativizar la autoridad del Papa es el modo más sutil de dañar a la Iglesia

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Foto: ACI Prensa

Viernes 14 de Julio 2017

¿Qué opina usted del Papa? Estamos acostumbrados a este tipo de preguntas en ciertas encuestas cuyos resultados luego se publican ampliamente. Algunos responderán que el Papa es “genial”, otros dirán que les es indiferente, y habrá quienes no están de acuerdo con él.

¿Está algo mal con este tipo de preguntas? No se pueden esquivar hoy en día pero sí conviene tomar conciencia de que son preguntas mundanas. En la Iglesia no caben tanto, no las hará tan fácilmente alguien que se siente parte de la Iglesia. No nos toca evaluar al Papa. Podemos expresarnos sobre cosas secundarias de él – los vehículos que utiliza o los zapatos que viste, podemos notar alguna debilidad que parece tener e incluso hacerle una corrección fraterna como San Pablo aquella vez, pero lo esencial, su ministerio no nos toca evaluar.

Cristo dijo a Pedro y no a otros “Simón… te llamarás Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Una forma sutil de perjudicar a la Iglesia consiste en relativizar la autoridad de nuestra cabeza visible. Esto comienza criticando decisiones, avanza induciendo el pensamiento de que un sucesor de Pedro podría haber traicionado la fe y llega hasta la afirmación que una elección en tal cónclave no fue legítima. ¿Por qué nos parecen más creíbles ciertas publicaciones de periodistas, veredictos de supuestos expertos o montajes de pequeños videos que la misma voz de la Iglesia?

Yo personalmente tengo la costumbre de leer íntegramente los documentos de la Santa Sede, que son documentos del magisterio oficial de la Iglesia, y muchas veces me he dado cuenta de lo superficial que es su reflejo en la prensa y los medios.

Basta con juicios temerarios, comencemos más bien a meditar y no cuestionar lo que el sucesor de Pedro nos dice y aceptar lo que ata o desata. Los Papas siempre y necesariamente pisan los callos de bastantes personas, incluso de católicos y algunas pueden reaccionar. Es humano. Pero entre miembros de la Iglesia esta reacción no debe ir más allá. “El que los escucha, a mí me escucha” dice el Señor.

Disculpen el tono algo polémico de esta entrada a mi blog.

+ Guillermo Steckling

Obispo de Ciudad del Este