¿Qué no conviene hacer al leer la Biblia?

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Viernes 21 de Julio 2017

“La Palabra de Dios es viva y eficaz”, así lo dice la misma Biblia (Hebr 4, 12). Pero todos comprendemos que esta palabra viva necesita primero ser conocida y acogida para que sea eficaz en nuestras vidas.

¿Existe algún secreto para que la lectura bíblica nos sea de gran provecho, y que la Palabra de Dios sea “luz en mi sendero” (Sal 118, 105)? Aquí les presento algunas pistas que vienen de la experiencia de la Iglesia, entre las varias formas que hay para realizar la lectura orante de la Biblia, o “lectio divina”.

¿Qué es lo que NO conviene hacer?

  • Al leer la Biblia, no pensemos en seguida en los grandes especialistas. Con ellos no queremos ni podemos competir. Dejemos para otro momento nuestras curiosidades sobre hechos bíblicos. Tampoco se trata de prepararnos para predicar a alguien. Busquemos algo mucho más sencillo.
  • Lo que conviene es tranquilizarse, reservar un cierto tiempo a Dios y no desdeñar la repetición en nuestra lectura. Necesitamos calmarnos y abrir el oído.

Y aquí algunos posibles pasos, son cuatro.

  • Después de invocar al Espíritu Santo leamos la Palabra de Dios atentamente una primera vez para ver si entendemos de qué trata este pasaje bíblico, que puede ser por ejemplo el evangelio del día o de un domingo. Aquí sí, el breve comentario de un especialista nos puede iluminar, o una nota al pie en la Biblia.
  • En seguida podemos repasar de nuevo el texto pero esta vez usando nuestra imaginación, por ejemplo poniéndonos en el mismo lugar donde hablaba Jesús, repitiendo alguna frase que nos llamó la atención, etc.
  • Tal vez después de esto brota de nuestro interior una oración formulada desde la lectura bíblica – agradeciendo a Dios, implorándole en una necesidad, etc.
  • Al final llega el paso que se puede considerar el más importante: ver si las palabras sagradas me dicen algo a mí personalmente o al grupo reunido, aquí y en el día de hoy, para ponerlo en práctica.

Un tiempo pensé que eso de la “lectio divina” era como algo nuevo que de repente surge como si fuera un nuevo movimiento espiritual. No es así. Siempre ha existido y de muchas maneras. Incluso se puede decir que el Santo Rosario es una forma de repetición orante de palabras bíblicas, o que la Liturgia de las Horas con sus salmos y lecturas sirve el mismo propósito.

Existen muchas formas de hacer una lectura orante de la Palabra de Dios. La persona o el grupo que comienzan a practicarla seguro que van a encontrar su propia forma. Lo importante es comenzar.

En la Palabra Divina encontramos el alimento espiritual que necesitamos. La acogida de la Palabra Sagrada en nuestro corazón la mantiene viva y eficaz y será luz en nuestro sendero toda la vida.

+ Guillermo Steckling

Obispo de Ciudad del Este