No a las comparaciones de grupos pastorales, somos miembros de la Iglesia

*

A view of the crowd in St. Peter’s Square during Pope Benedict XVI’s last general audience in St. Peter’s Square, at the Vatican, Wednesday, Feb. 27, 2013. 

Domingo 13 de Mayo 2018

En Ciudad del Este se suele observar una gran variedad de grupos eclesiales, por ejemplo comunidades de retiro, movimientos locales o internacionales, grupos parroquiales, grupos de servicio como los catequistas, congregaciones religiosas locales o internacionales, etc. No es fácil sacar la cuenta cuántos de estas agrupaciones existen, ciertamente son más de 100. Con los ojos de la fe podemos observar que cada una de estas comunidades mencionadas expresa y vive de una manera propia algún don especial de Dios, algún carisma del Espíritu Santo. Y en medio de este jardín multicolor funcionan las parroquias. La pregunta lógica es: ¿Cómo podemos mantener una cierta unidad en tanta diversidad?

De nada sirve tratar de reducir el número de estos sectores, en base a comparaciones y preguntándonos quiénes son los mejores, o los más cristianos, o los que más recursos tienen, y tratar de desestimar los demás. En vez de eso, veo dos tareas que sí hay que realizar. La primera es discernir entre las cosas que proceden del Espíritu Santo, las que tienen su origen en nuestro propio espíritu humano y las cosas provenientes del Maligno en la búsqueda de lo que Dios quiere de nosotros. La segunda es tratar de vivir en comunión, superándonos cuando existe una autoestima exagerada entre nosotros y algún fanatismo que condena a los que son diferentes. Debemos llegar a sentirnos todos miembros de la misma y única Iglesia.

Para realizar estas dos grandes tareas la Iglesia ha recibido un gran regalo de Dios en el sacramento del Orden Sagrado. Los ministros ordenados, sean diáconos, sacerdotes u obispos, se les confía de manera particular las mencionadas responsabilidades primordiales: la de discernir lo bueno, lo indiferente y lo malo, y la de crear comunión y fraternidad. El aprendizaje de ser Iglesia nunca se termina.

Si vivimos unidos en medio de tanta diversidad realizaremos al mismo tiempo una gran labor misionera. Así lo decía Jesús a su Padre: “que todos sean uno así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17,21).

Mons. Guillermo Steckling

Autor Mons. Guillermo Steckling

Monseñor Steckling es obispo de la Diócesis de Ciudad del Este desde el año 2014. Nació el 23 de abril d 1947, en Verl (Alemania) y fue ordenado sacerdote el 20 de julio de 1974. Fue Consultor de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Antes de su nombramiento como obispo se desempeñaba como rector del Seminario Mayor de los misioneros Oblatos de María Inmaculada, en Asunción. Desde 1998 hasta 2010 fue superior general de los Misioneros Oblatos, en Roma. Actualmente es el Responsable de la Catequesis y de la Animación Bíblica de la Pastoral en Paraguay. Fue ordenado obispo el 21 de diciembre de 2014, en la Catedral San Blas de Ciudad del Este.