Mons. Steckling en Jueves Santo: “la muerte de Jesús no clama por venganza sino salva”

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Viernes 14 de Abril, 01:32 hs (Par)

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Mons. Guillermo Steckling celebró la Misa de la Cena del Señor con el rito del lavatorio de los pies hoy en la Catedral de Ciudad del Este, en su homilía dijo que “el mundo se va salvar cuando lavemos los pies los unos a los otros, o que podríamos resumir toda la doctrina de Nuestro Señor diciendo que él nos enseñó a amar con sus hechos” y que su muerte no clama venganza sino salva a todos.

“La Iglesia celebra la santa misa todos los días, y siempre le encontramos sentido. La celebramos en la boda y en un funeral, en el día de un santo o un simple día de trabajo. Pero si se nos permitiera celebrar el sacrificio eucarístico solo una vez por año, ¿qué fecha tendría que ser? ¡El jueves santo! Hoy es el día principal de la eucaristía”, dijo el Obispo en la primera parte de su homilía. “¿Qué nos dice el jueves santo sobre la santa misa?, casi todo: que se trata de una cena, que simboliza y ya hace presente el sacrificio de Jesús en la Cruz, que es la memoria de Cristo para todos los siglos, su presencia real hasta hoy” prosiguió.

“Jesús es el cordero de Dios. Primera lectura. La pascua judía – que marcaba el principal de los meses. Expresión de Juan Bautista. El simbolismo de la sangre protectora. En la noche que fue entregado. Según Juan, Jesús murió en la cruz precisamente en el momento en el que, en el templo, se inmolaban los corderos de Pascua. Su muerte y el sacrificio de los corderos coincidieron, una muerte que no clama por venganza sino que salva, y precisamente el mundo se va salvar cuando lavemos los pies los unos a los otros, es decir, podríamos resumir toda la doctrina de Nuestro Señor diciendo que nos enseñó a amar”, resaltó Mons. Steckling.

20170413_193707En otro momento, el Obispo diocesano recordó algunos dichos del teólogo Romano Guardini «la actitud del pequeño que se inclina ante el grande, todavía no es humildad. Es, simplemente, verdad. El grande que se humilla ante el pequeño es el verdaderamente humilde». Por esto, Jesucristo es auténticamente humilde. Ante este Cristo humilde nuestros moldes se rompen. Jesucristo invierte los valores meramente humanos y nos invita a seguirlo para construir un mundo nuevo y diferente desde el servicio, reflexionó. «Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.» cf. (San Juan 13, 15). Luego de reflexionar, el Obispo acudió al rito del lavado de los pies.