La Misa, el culto más sublime que podemos ofrecer a Dios

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Foto Referencial / foto: Indulgente.org

Viernes 28 de Julio 2017

La última semana hicimos una reflexión sobre la Palabra de Dios. Es natural que a continuación dirijamos nuestra atención a la Eucaristía. En la Santa Misa las lecturas bíblicas y la parte propiamente eucarística están unidos, lo uno hace entender más profundamente lo otro. Dios nos habla primero con palabras y luego se comunica con nosotros por medio de hechos. Cristo nos dice por ejemplo que debemos obedecer la voluntad de Dios y servirnos mutuamente, y luego lo realiza él mismo en la cruz y lo anticipa en la Eucaristía.

Todos vemos en la Misa algo sagrado y la consideramos como el culto más sublime que podemos ofrecer a Dios. ¿Cómo haremos para no perder nunca y profundizar cada vez más la comprensión de la Misa? Yo veo tres cosas que podemos hacer.

La primera es tener en cuenta todo el entorno de la Misa. Al celebrarla nos ubicamos en la Última Cena del Jueves Santo. A Cristo lo representa el sacerdote y los demás ocupan el lugar de sus comensales. La Misa la celebramos todos juntos, con Cristo a la cabeza y formando nosotros su cuerpo místico. En la Última Cena el Señor quiso comunicarse con nosotros más profundamente y hacernos entrar en el sentido del sacrificio que se realizaría el día siguiente, el Viernes Santo. Lo explica lavando los pies a sus amigos pero sobre todo transformando el pan y el vino en su cuerpo y su sangre, es decir haciendo de su misma muerte un alimento espiritual que nos cambiará interiormente y al final nos hará resucitar con él. Dios nos habla, en la última cena y en la Santa Misa, por la Palabra de Dios bíblica, pero también es Palabra de Dios la misma entrega de su cuerpo y su sangre.

Sí, se trata de un misterio, pero eso no quiere decir que sea completamente inentendible, es más bien algo que tendremos que profundizar toda la vida. Vayamos ahora a lo práctico.

Una segunda cosa importante para entrar en el sentido profundo del sacrifico eucarístico es nuestra preparación a cada misa. Por ejemplo, conviene llegar un poco temprano y así encontrar unos momentos de silencio después de saludarnos como es costumbre. Uno puede hacer anotar también una intención para ofrecer el santo sacrificio por alguien. Es bueno conocer ya las lecturas. Es bueno iniciar la Misa con la expectativa de que se va a la hora más importante de toda la jornada.

Una tercera cosa es dar seguimiento a la Eucaristía en una vida eucarística. Aquí se trata de agradecer a Dios por la eucaristía y todos sus dones en las horas que siguien, hacer eco de su Palabra varias veces el día, sentir la fuerza del alimento recibido. Al terminar la misa quedemos en el templo por algunos momentos más – tal vez para recordar una sola palabra que me llamó la atención y llevarla a casa.  Podemos recordar la presencia del Santísimo al pasar frente a cualquier templo y hacer la señal de la cruz. Podemos “prolongar” la Santa Misa con la adoración eucarística.

En la Eucaristía hemos recibido un gran tesoro. Por medio de ella tuvimos acceso al testamento de Jesús; nos dijo: “Hagan esto en memoria mía”. Demos a conocer este tesoro en todas las ocasiones posibles para hacerlo llegar también a la generación siguiente. El que coma de este pan tendrá vida en plenitud y comienza ya a vivir la aquella vida eterna que será nuestro futuro para siempre.

+ Guillermo Steckling
Obispo de Ciudad del Este