“Hay jóvenes que viven con sus teléfonos y ya no se relacionan con los padres ” Mons. E. Valenzuela

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Domingo 29 enero 2017, 12:27 hs (Par) | Foto: Diócesis de Ciudad del Este

Domingo 29 enero 2017, 12:27 hs (Par) | Foto: Diócesis de Ciudad del Este

Mons. Edmundo Valenzuela, arzobispo de Asunción, presidió la Santa Misa en la Catedral de Ciudad del Este, en el quinto día del novenario en honor a San Blas. El tema de este sábado 28 de enero fue: “Los jóvenes llamados a ser activos en el cambio social y cultural”. Se rezó por los dirigentes laicos, educadores y alumnos de escuelas, colegios y universidades, y por todos los niños y jóvenes. Parroquias invitadas: San José Obrero y San Antonio de Padua.

El Arzobispo, en su homilía, dijo que “Dios hoy se dirige a los jóvenes. El Trienio dedicado a los jóvenes tiene límite de edad biológica. Partimos desde lo que tienen 14, 15 años y se extiende hasta los 30 años. La primera parte son los preadolescentes y adolescentes, desde los 18 a 24 son jóvenes que están en una actitud especial, y de los 25 a 30, también se extiende esta característica de los jóvenes”. “Estos jóvenes”, -prosiguió- “que biológicamente son los que no tienen aún un estado de vida, es decir, no han asumido un matrimonio, por ejemplo, o una vocación consagrada, religiosa o el diaconado. Entonces, aquellos que ya han asumido un estado de vida pasan a otra categoría de pastoral. Si se han casado, corresponden a la pastoral familiar y si son religiosos, a la pastoral religiosa o sacerdotal y otros estados”.

Resaltó que también hay otras características. “Son jóvenes que se insertan a la sociedad con una fuerza ideal, de valores, de metas, que quieren alcanzar. Estos jóvenes se están idealizando en el plan académico, aún están en la universidad; no tienen todavía una fuente de vida, de trabajo…y, por lo tanto, se están preparando para la vida”.

El prelado agregó: “Pero los jóvenes en el Paraguay son variadísimos. Comencemos del norte, con los jóvenes indígenas o los jóvenes campesinos, o los jóvenes trabajadores o los que están en los cinturones de las ciudades, o aquellos que están en las calles; o bien, aquellos que están aún en los colegios o universidades del 30 por ciento de la población juvenil del Paraguay, hay un porcentaje muy grande de jóvenes marcados por la pobreza. Por la indigencia no pueden estudiar y no tienen la posibilidad de trabajar. Es una situación de mucho dolor para las familias y para ellos mismos. En esta variedad, hay muchos que también son víctimas de la violencia, porque no tienen trabajo, no tienen estudio y se unen para sobrevivir. Y como consecuencia, cometen asaltos, robos, secuestros, propios de estos jóvenes violentos”.

El Obispo también se recordó de los “jóvenes que son víctimas de las drogas, flagelo que ha crecido mucho. Existen muchas familias que lloran porque sus hijos han caído en situación de dependencias de estas sustancias tan dañinas; otros han caído en los vicios del alcohol o del sexo; otros han ido a la escuela, pero tienen un analfabetismo muy grande, apenas saben leer y escribir, pese a que han terminado su primera o su bachillerato”.

En otro momento, Mons. Valenzuela señaló: “A todos estos jóvenes, la Iglesia les dedica su atención pastoral y el tema de hoy es, justamente, cómo ayudar para que estos jóvenes puedan ser protagonistas, constructores activos del mundo social y cultural. Para todo esto, hemos escuchado el Evangelio que dice que Cristo es el eternamente joven. Él es el eternamente joven y su palabra es siempre de guía, de conducción, de verdad; palabra que despierta a los jóvenes para poder acercarse a Él, como dice el lema de estos tres años: ‘Abrazarse a Cristo Jesús’. Pero antes que los jóvenes se abracen a Jesús, es Él el que les abraza y les dice, el camino de la felicidad, de la bienaventuranza es éste, porque muchos de ustedes están en el camino de esta sociedad de la globalización, que les ha reducido a ser consumidores, entonces se repliegan sobre su egoísmo, en la búsqueda de sí mismos, de sus placeres, de sus intereses”.

Siguió su reflexión y dijo “encontramos a muchos jóvenes con sus teléfonos, que ya no hablan, no se comunican; ya no se relación con los padres, con los profesores, están todo el tiempo con es celular. Fueron reducidos al silencio, a la incomunicación”.
“Es importante, entonces, padres de familia, educadores, que estos jóvenes reciban un acercamiento de parte de ustedes para que podamos ayudarlos. Y la primera cercanía es de Cristo Jesús. Nosotros, en nombre de Jesús, queremos ayudar a los jóvenes a ser no pasivos consumidores, sino activos para hacer una nueva sociedad, que potencien la cultura paraguaya, que es profundamente humana, cristiana; una cultura abierta, comunicativa, alegre, expansiva. Nuestros jóvenes están llamados a esto. Por eso es tan importante el camino que Jesús nos ofrece.

“Entonces, ¿qué tenemos que ofrecer a nuestros jóvenes?. Tenemos que ofrecerles este Jesucristo. Este Jesús que tiene su riqueza en la comunicación con el Padre. Estos jóvenes que hemos mencionado en toda esa situación son invitados a descubrir la comunicación, el amor que les tiene Dios, que les tiene Jesucristo, que les tiene el Espíritu Santo, que les tiene María Santísima. Y esto es posible cuando nosotros nos acercamos a estos jóvenes y les invitamos a conocer el camino de la vida cristiana. Sabemos que hoy día muchos jóvenes no asisten más a las misas”, mencionó.

El Arzobispo lamentó que “muchos de ellos (jóvenes), los domingos, están en los shoppings, en los sitios de recreación y no participan de las celebraciones. Sentimos que tienen un gran vacío. Algunos de estos jóvenes, inclusive, intentan suicidarse porque no tienen un sentido de la vida. ¿Y quiénes les van a transmitir ese sentido de vida?, los padres, los profesores, los sacerdotes, la Iglesia en su conjunto. Esta es la gran tarea que nos corresponde durante estos tres años. Así que todo cristiano bautizado estamos llamados a transmitir esa pobreza de Cristo Jesús, y esa pobreza es la riqueza mayor en su comunicación con Dios, Padre”.

Por ultimo, dijo “así que, enseñar a nuestros jóvenes es, justamente, proponerles un camino que no es el del consumismo, no es el camino fácil, del egoísmo. Es el camino nuevo, el camino que libera, que hace la persona digna, sabia, prudente, competente en su relación con los demás, con Dios, con sus padres, su familia, con sus amigos, con la sociedad”.

Articulo publicado originalmente por el departamento de prensa de la Diócesis de Ciudad del Este.