El sentido de la Iniciación a la Vida Cristiana

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Viernes 23 de Junio 2017

Cuando en el antiguo Impero Romano alguien se hacía bautizar su integridad física corría peligro. Por ese motivo, los que ya pertenecían a la Iglesia procuraban preparar lo mejor posible a los futuros cristianos y los recién bautizados. Todos los candidatos pasaban por un proceso de iniciación que se llamaba catecumenado y era acompañado todo el tiempo por catequesis.

Catequesis es una palabra que tiene que ver con “eco”, hacer resonar como un eco interior la experiencia de la fe en Jesús Resucitado. Cuando una música nos gusta la repetimos, la tarareamos en cualquier parte y así nos queda grabada. Esta iniciación a la vida cristiana tenía sus etapas, organizadas alrededor el bautismo, la confirmación y la eucaristía. Había un tiempo previo, luego varios escrutinios o ceremonias para verificar la seriedad de propósito de los candidatos, seguían el bautismo como paso principal y finalmente terminaba con una fase posterior a los sacramentos, la mistagogia o repaso de los grandes misterios celebrados. Después, el cristiano estaba preparado para encarar hasta el martirio de sangre.

Hoy la Iglesia quiere que la catequesis sea nuevamente comprendida como Iniciación a la Vida Cristiana (IVC). Los catequistas en el Paraguay se cuentan por miles y decenas de miles, y el catecismo se enseña durante cuatro a ocho años, pero ¿tiene suficiente eficacia este esfuerzo impresionante? ¿Logramos iniciar en la fe a cristianos valientes que den su testimonio en el día a día? Ciertamente se está logrando mucho, y eso es el fruto del esfuerzo y del buen ejemplo de los catequistas. Sin embargo, un reciente curso de diplomado, ofrecido en Asunción por especialistas en catequesis de toda América Latina, nos hizo ver que el enfoque correcto hace una gran diferencia.

Se proponen tres cosas: (1) dirigir nuestra catequesis en primer lugar a los adultos y a los padres de familia y solo en el paso siguiente a los niños y los jóvenes, (2) seguir un método inspirado en la antigua iniciación a la vida cristiana y (3) buscar cada catequista su propia conversión y formación constante.

Observando la situación de nuestra sociedad moderna, no estamos mucho mejor que en el antiguo imperio pagano de Roma. Necesitamos cristianos bien fuertes y decididos para hacer una diferencia en ambientes hostiles y contrarios a la fe y la moral que es propia de los discípulos del Señor. Los jóvenes y niños seguirán nuestros pasos en la medida en que los adultos seamos los cristianos que pretendemos ser. Todos juntos sí, lograremos una iniciación a la vida cristiana que nos haga semejantes a los santos y la Virgen María para transformar el mundo.

Mons. Guillermo Steckling

Autor Mons. Guillermo Steckling

Monseñor Steckling es obispo de la Diócesis de Ciudad del Este desde el año 2014. Nació el 23 de abril d 1947, en Verl (Alemania) y fue ordenado sacerdote el 20 de julio de 1974. Fue Consultor de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Antes de su nombramiento como obispo se desempeñaba como rector del Seminario Mayor de los misioneros Oblatos de María Inmaculada, en Asunción. Desde 1998 hasta 2010 fue superior general de los Misioneros Oblatos, en Roma. Actualmente es el Responsable de la Catequesis y de la Animación Bíblica de la Pastoral en Paraguay. Fue ordenado obispo el 21 de diciembre de 2014, en la Catedral San Blas de Ciudad del Este.