Cuarenta días de tiempo para cambiar

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Domingo 18 de febrero 2018

Ya comenzaron los cuarenta días que la Iglesia nos pone para convertirnos y creer en la buena noticia de Dios. Cuarenta días y no un mes o quince días – ¿no nos parece algo extraño? ¿Por qué justo cuarenta? Cuarenta años Israel, el antiguo pueblo de Dios, tuvo que caminar en el desierto antes de alcanzar la tierra prometida. El número 40 significa que es recorrido de nuestra vida es como una aventura espiritual en la cual entramos y luego nos damos cuenta que el camino será largo.

Nos sucede a veces que sentimos que algo debe cambiar y mejorar en nuestras vidas pero no podemos decir exactamente qué. En la cuaresma tenemos a disposición un cierto espacio de tiempo para descubrir y corregir lo que está mal, es como un examen de conciencia prolongado.

Llama la atención que en el evangelio la conversión está directamente relacionada con la buena noticia de parte de Dios. “Conviértanse y crean en el Evangelio”, reza una de las fórmulas que se utilizan en la imposición de la Ceniza. Ciertamente, para dejarnos de algo malo primero necesitamos encontrar algo bueno en qué apoyarnos. El evangelio, cuando es escuchado y sentido con toda su fuerza nos empuja a buscar intensamente nuestra conversión. La buena noticia consiste en que “el Reino de Dios está cerca”; este es el gran mensaje de Jesús. Dios ya va tomando el mundo en sus manos, y a eso hay que estar preparado ya. ¿No hemos sentido varias veces que necesitamos un cambio de actitud y de vida para no quedar al lado equivocado de la historia? ¡Esto es urgente! El símbolo de la urgencia es que tenemos a disposición tan sólo 40 días, estamos contra el reloj. “Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación” (2 Cor 6,2).

Mons. Guillermo Steckling

Autor Mons. Guillermo Steckling

Monseñor Steckling es obispo de la Diócesis de Ciudad del Este desde el año 2014. Nació el 23 de abril d 1947, en Verl (Alemania) y fue ordenado sacerdote el 20 de julio de 1974. Fue Consultor de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Antes de su nombramiento como obispo se desempeñaba como rector del Seminario Mayor de los misioneros Oblatos de María Inmaculada, en Asunción. Desde 1998 hasta 2010 fue superior general de los Misioneros Oblatos, en Roma. Actualmente es el Responsable de la Catequesis y de la Animación Bíblica de la Pastoral en Paraguay. Fue ordenado obispo el 21 de diciembre de 2014, en la Catedral San Blas de Ciudad del Este.