Cuando des un banquete, más bien invita a los pobres

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DISEÑO EVANGELIO EDITADO MATRIZ

Lunes 31 de Octubre. Lecturas del día de hoy

Primera Lectura

Filipenses 2,1-4.
Hermanos: Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento.
No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos.
Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás.

Palabra de Dios

 

Salmo 130, 1 – 3

R. Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R.

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre. R.

Espera Israel en el Señor
ahora y por siempre. R.

 

Evangelio 

Lucas 14,12-14.
Jesús dijo al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”.

Palabra del Señor

 

Reflexión

“Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos”

Da tu limosna con alegría. Todo lo que hagas por Dios hazlo con alegría y no de mala gana. Porque está escrito: “Corazón alegre hace bien al cuerpo, espíritu abatido seca los huesos.” Prov.17,22) Esto significa que cuando el pobre llama a tu puerta y tú le das la limosna refunfuñando, pierdes todo el mérito antes de que abras la puerta. Tienes que dar con un corazón alegre que se note en tus palabras y en tus obras.

Cuando llega el mendigo a tu casa y te pide algo por amor de Dios, acógelo con agrado: “¡Bienvenido!” Así demuestras tu alegría al dar la limosna, con tu corazón, tu palabra y tu rostro benévolo y dispuesto. Una palabra amable que acompaña la limosna da más alegría que tú te puedes imaginar. El don se vuelve más precioso si lo entregas sin refunfuñar, acompañándolo con una palabra amable.